hermano y yo acabábamos durmiendo en la terraza de mi casa porque en la
habitación era imposible dormir.
En la Región de Murcia siempre hemos sabido
lo que es pasar calor. Forma parte de nuestra identidad. Sin embargo, hoy la
pregunta ya no es si hace más calor que antes, creo que esta pregunta se
responde por si sola, sino cuánto nos está costando convivir con él.
Como ingeniero industrial procuro que las opiniones estén respaldadas por
datos. Según la AEMET, la temperatura máxima absoluta registrada en la
Región de Murcia durante los años ochenta fue de 42,4 ºC. En agosto de 2021,
la estación meteorológica de la Base Aérea de Alcantarilla alcanzó los 47,0 ºC.
Un récord aislado que no demuestra por sí solo una tendencia, pero sí que
refleja una realidad que registros posteriores han confirmado: los episodios de
calor extremo son hoy más frecuentes, más intensos y más prolongados.
A ello se suma otro dato igualmente significativo. La temperatura máxima
media anual en la Región de Murcia ha aumentado aproximadamente dos
grados desde los años ochenta hasta la actualidad. Puede parecer una
diferencia pequeña, pero suficiente para multiplicar las noches tropicales,
prolongar las olas de calor y aumentar las horas de funcionamiento de los
sistemas de refrigeración, un incremento que tiene una consecuencia directa
sobre la economía familiar.
Y es que gran parte de las viviendas fueron construidas antes del Código
Técnico de la Edificación. Son edificios levantados cuando el aislamiento
térmico brillaba por su ausencia, con fachadas, cubiertas y ventanas
convertidos en auténticos trasmisores de calor hacia el interior.
Pero el problema no termina en la factura de la luz.
Una vivienda de unos 90 metros cuadrados construida en los ochenta le puede
costar hoy cerca de 1.000 euros anuales entre consumo eléctrico,
mantenimiento y reposición de equipos de climatización.
Las altas temperaturas también aceleran el deterioro de los edificios, reducen
la vida útil de impermeabilizaciones, cubiertas e instalaciones y obligan a
proyectar viviendas cada vez más eficientes. Mejores aislamientos, carpinterías
de altas prestaciones, vidrios de control solar o sistemas de ventilación más
eficaces ya no son elementos diferenciadores; son soluciones estándar
imprescindibles para responder a un clima que está cambiando.
Eso significa que el coste real de una vivienda ya no puede valorarse
únicamente por su precio de compra. Una vivienda aparentemente económica
puede resultar mucho más cara a lo largo de su vida útil por el gasto energético
que genera. La eficiencia energética ha dejado de ser una cuestión ambiental
para convertirse en un factor económico de primer orden.
Existe, además, una dimensión social que apenas ocupa espacio en el debate
público. Cuando hablamos de pobreza energética solemos pensar en el
invierno, pero en Murcia también existe pobreza energética en verano. Miles de
familias no ponen el aire acondicionado porque no pueden pagar la factura
eléctrica. Además las personas que viven en los edificios menos eficientes
suelen ser las que disponen de menos recursos para rehabilitarlos.
Frente a esta realidad, la rehabilitación energética debe entenderse como una
inversión y no como un gasto, y necesita apoyo de la Administración. Cada
edificio rehabilitado consume menos energía, mejora la calidad de vida de sus
ocupantes, incrementa su valor y reduce la vulnerabilidad de las familias frente
la pobreza energética.
Los fondos europeos Next Generation ofrecían una oportunidad excepcional
para modernizar nuestro parque residencial. Sin embargo, en la Región de
Murcia su implantación ha quedado muy por debajo de lo esperado. La
excesiva burocracia, la dificultad para alcanzar acuerdos en las comunidades
de propietarios y la necesidad de adelantar importantes inversiones han
limitado el alcance de unas ayudas que podían haber transformado miles de
viviendas.
Los ingenieros industriales llevamos décadas diseñando soluciones para
reducir el consumo energético de los edificios. Sabemos que la energía más
barata es la que no se consume y que hay que invertir en eficiencia porque
genera beneficios durante muchos años para las familias y para el conjunto de
la sociedad.
No podemos cambiar el clima de la Región de Murcia, pero sí podemos decidir
cómo queremos convivir con él. Porque el verdadero impacto del cambio
climático no empieza cuando el termómetro supera los cuarenta grados,
empieza cuando una familia tiene que elegir entre mantener su vivienda a una
temperatura saludable o pagar la factura de la luz. Ese sí es uno de los
grandes desafíos económicos y sociales de nuestro tiempo.
ENLACE A LA VERDAD: https://www.laverdad.es/opinion/marcos-mateos-calor-hipoteca-20260801222449-nt.html